Mi monstruo del enfado.

El monstruo del enfado dibujado por Mencía

Algunos os preguntareis ¿qué es mi monstruo del enfado? Mencía, de 7 años de edad, nos lo explica:

«Es la historia de un niño que estaba en su habitación muy enfadado porque sus amigos se habían reído de él. Estaba tan enfadado, tan enfadado que empezó a destrozar la habitación y en vez de decir palabrotas, tenia un monstruo del enfado dentro de su cuerpo que hablaba por él.

Cuando apareció su papá en la habitación, le preguntó al niño que le pasaba y él se lo contó, así que el monstruo desapareció y también el enfado».

La historia que nos ha contado Mencia trata de hacer entender a los niños de su edad que la dificultad de expresar sentimientos es como un monstruo que crece en el estomago y les hace encontrarse mal, mientras que si cuentan a alguien que les pasa el monstruo se va haciendo pequeño hasta que finalmente desaparece.

La expresión de nuestros sentimientos tiene que ver con nuestra salud emocional. En la medida que contamos lo que nos pasa somos capaces de buscar soluciones a los conflictos, por eso reconocer nuestras emociones es tan importante.  El conocimiento de sus propias emociones, que siente y como lo expresa, llevara al niño a conocer también las de los demás y esto favorecerá entre otros aspectos su empatía.

La toma de conciencia emocional es la primera de las competencias emocionales y la que hace posible las demás, por eso es tan importante trabajarla desde pequeños.

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4 pensamientos en “Mi monstruo del enfado.

  1. Me ha gustado mucho la denominación el Monstruo del enfado!! y es cierto que cuando reconocemos los sentimientos podemos actuar en consecuencia, y dotarnos de recursos para solucionar el conflicto.
    Me gusta mucho el blogg!

  2. Ojalá hablásemos más desde el estómago, desde nuestras emociones, de nuestros sentimientos, desde quienes somos en realidad…
    Y no parásemos de hablar…
    Y no parásemos de escuchar…
    Empatizaríamos más y seríamos capaces de entendernos, a nosotros mismos y a los demás.

    Querido monstruo, yo cada vez he aprendido a reconocerte mejor y cada vez he aprendido a hablar más de ti; y te vas haciendo cada vez más pequeñito…

    Querida Ana, no dejes de hablar…
    Muchas gracias por hacerlo.

    Un saludo.

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