El laberinto interior.

En tiempos remotos vivía en China un rey llamado Yang. Este rey, harto de los placeres de la vida mundana, se hundió en la melancolía y el aburrimiento. Entonces convocó a su ministro, el arquitecto Lao, y se quejó de su malestar, del sufrimiento y del hastío y le ordenó:

-¡Constrúyeme el más formidable laberinto jamás imaginado! En siete años quiero verlo edificado en esta llanura que hay ante mí, y luego marcharé a conquistarlo. Si descubro el centro serás decapitado. Si me pierdo en él reinarás sobre mi imperio.

Sin embargo, el arquitecto reemprendió el curso de sus actividades habituales y pareció olvidarse del encargo. El último día del séptimo año, el emperador Yang llamó al arquitecto y le preguntó dónde estaba aquel laberinto, el más formidable nunca soñado. Entonces, Lao le tendió un libro diciendo:

-Helo aquí, es la historia de tu vida. Cuando hayas encontrado el centro, podrás descargar tu sable sobre mi cuello.

Así fue como Lao conquistó el imperio de Yang, pero evidentemente rehusó el cetro y el poder, puesto que poseía algo más preciado: sabiduría.

Anímate a comentar que te sugiere este relato.

2 comentarios en “El laberinto interior.

    • Tienes toda la razón isra655 a veces como si de un laberinto se tratara nos vemos recorriendo caminos que nos llevan hacía un muro que nos impide avanzar y es entonces cuando tenemos que cambiar de dirección. Solo en nosotros se encuentra la determinación para recorrer el camino y al fin llegar al centro. Un saludo.

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