La sopa de piedra

Como ya sabeis los que seguís habitualmente esta sección “Cocina Emocional” no se trata únicamente de ollas, pucheros o recetas, sino de llegar a las personas a través de la cocina para trabajar aspectos diversos como pueden ser por ejemplo: la comunicación, el desarrollo personal, el cambio, etc. siempre desde las vivencias y recuerdos.

Hoy os propongo la lectura de un relato, cuyo autor no es conocido que invita a la participación colectiva de una forma delicada y efectiva.

La sopa de piedra

En una pequeña aldea una mujer se lleva una gran sorpresa cuando llama a su puerta un señor correctamente vestido pidiendo algo para comer.

Lo siento pero ahora mismo no tengo nada en casa para ofrecerle.

No se preocupe señora, en mi cartera tengo una piedra de sopa. Si usted me permite entrar en su cocina y me proporciona una olla, la llenaré de agua, la pondré a hervir y verá cómo sale la sopa más exquisita del mundo. ¿Puede conseguirme una olla? La mayor que tenga en su cocina, por favor.

La curiosidad pudo con la señora de la casa que buscó la olla más grande que poseía en su cocina poniéndola con agua al fuego. Mientras rompía a hervir, la mujer salió de la casa a contar a sus vecinas lo que estaba sucediendo. Cuando el desconocido quiso darse cuenta, a su alrededor estaba reunido todo el vecindario, ya que querían ver cómo salía la sopa de piedra. El hombre dejó caer la piedra en el agua hirviendo, luego probó una cucharada con verdadero placer y exclamó:

¡Buenísima! Lo único que necesita es unas cuantas patatas.

¡Yo tengo unas patatas en mi cocina ya lavadas y peladas! gritó una mujer.

En pocos minutos la mujer estaba de regreso con una gran fuente de patatas que fueron directamente a la olla. El hombre volvió a probar el líquido y exclamó:

¡Estupendo! Pero si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido delicioso.

Otra vecina que estaba a la expectativa salió corriendo y regresó con un buen pedazo de carne que el hombre introdujo en la olla. Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo:

¡Ah, qué sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduritas, sería perfecto.

Rápidamente otra vecina se levantó y fue corriendo hasta su casa volviendo con una cesta llena de cebollas, zanahorias, tomates y pimientos. Después de introducir las hortalizas en el puchero esperó un tiempo para que el guiso cociera. Probó nuevamente la sopa y con tono autoritario dijo:

¡La sal! , aquí la tiene dijo la dueña de la casa.

A continuación dió otra orden: ¡platos para todo el mundo!

Los vecinos se apresuraron a ir a sus casas en busca de platos. Algunos trajeron pan y vino para todos. Luego se sentaron en el suelo y comenzaron a disfrutar de la espléndida sopa de piedra que el hombre repartía abundantemente entre todos los presentes. Todos  se sentían extrañamente felices, reían y charlaban compartiendo por primera vez una comida.

Sigilosamente el hombre desapareció dejando encima de la mesa la milagrosa piedra que había utilizado para la sopa, para que ellos la usaran siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.

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