Soñaba con cambiar el mundo

“Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. 

Al volverme más viejo y más sabio, descubrí que el mundo no cambiaría, entonces, acorté un poco mis objetivos y decidí cambiar solo a mí país. Pero también él parecía inamovible. 

Al ingresar en mis años de ocaso, en un último intento desesperado, me propuse cambiar solo a mi familia, a mis allegados, pero, por desgracia, no me quedaba ninguno. 

Y ahora que estoy en mi lecho de muerte de pronto me doy cuenta. 

Si me hubiera cambiado primero a mí mismo, con el ejemplo habría cambiado a mi familia. 

A partir de su inspiración y estímulo, podría haber hecho un bien a mi país, y quien sabe, tal vez incluso habría cambiado el mundo” 

Anónimas escrito en las criptas de la Abadía de Westminster en el año 1100

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Ama tu ritmo

ritmoAma tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;
mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

Rubén Darío

Brindis por la orquesta

“Escucha, presta atención a lo que digo:

a lo largo de los años han pasado muchos maestros por mi orquesta.

Algunos fueron famosos; la mayoría, personas corrientes.

Esta canción va dedicada a todos ellos.

He actuado en locales de barrio y en grandes teatros.

He sido muy pobre y también muy cotizado.

Empecé por abajo y alcancé la cumbre.

Y tengo que decirte que la experiencia ha sido grandiosa.

Pero no hubiera sido posible sin ellos.

Sin sus notas mágicas, sin sus perlas musicales, no lo hubiese conseguido.

¡Este brindis es por la orquesta!”

Frank Sinatra, 1983.

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Un conejo debe ser un conejo

Hoy me gustaría compartir un relato que hace poco cayó en mis manos:

“Los animales del bosque se dieron cuenta un día de que ninguno de ellos era el animal perfecto: los pájaros volaban muy bien, pero no nadaban ni escarbaban; la liebre era estupenda corredora, pero no volaba ni sabía nadar,…Y así todos los demás, ¿no habría manera de establecer una academia para mejorar la raza animal?.

Dicho y hecho. En la primera clase de carrera el conejo fue una maravilla, y todos le dieron sobresaliente; pero en la clase de vuelo subieron al conejo a la rama de un árbol y le dijeron: ¡Vuela conejo!. El animal saltó y se estrelló contra el suelo con tan mala suerte que se rompió dos patas y fracasó también en el examen final de carrera.

El pájaro fue fantástico volando, pero le pidieron que excavara como el topo. Al hacerlo se lastimó las alas y el pico y, en adelante, tampoco pudo volar, con lo que ni aprobó la prueba de excavación ni llegó al aprobadillo en la de vuelo.”

¿Qué aprendizaje extraeis del relato? Estaré atenta a vuestras respuestas.

conejo

Los ciegos y el elefante

Hoy comparto con vosotros un relato que ilustra cómo la gente percibe verdades distintas en base al tamaño del marco.

Un grupo de ciegos toca un elefante para descubrir lo que es. Cada uno de ellos toca solo una parte del cuerpo del animal. El hombre que le toca la trompa dice “El elefante es como el tronco de un árbol”. El hombre que le toca el colmillo dice “El elefante es como un tubo macizo”. El hombre que le toca la cola dice “El elefante es como una cuerda”. El hombre que le toca la pata dice “El elefante es como una columna”. 

Todos describen el mismo animal, cada uno desde su punto de vista, limitado en su perspectiva. Si no tenemos en cuenta la perspectiva de los otros los malentendidos sobre lo que es la realidad podrían intensificarse y crear una situación en la que cada uno cree tener razón y que el otro está equivocado, cuando en realidad cada uno experimenta tan solo una dimensión de una verdad mayor.

Flores en la ventana

Conjuro para andar de espaldas a uno mismo

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Andar de espaldas a uno mismo

Armonía

Un texto de Anthony de Mello que me encantó:

“A pesar de su tradicional proceder, el Maestro no sentía un excesivo respeto por las normas y las tradiciones.

En cierta ocasión surgió una disputa entre un discípulo y su hija, porque aquél insistía en que ésta se ajustara a las normas de su religión para elegir a su futuro marido.

El Maestro se puso inequívocamente del lado de la muchacha.

Cuando el discípulo le manifestó la sorpresa que le producía el que un santo actuara de aquella manera, el Maestro le dijo: Debes comprender que, al igual que la música, la vida está hecha de sentimiento y de instinto, más que de normas”

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