El miedo

Es una de las emociones más estudiadas por los investigadores, tanto en los animales como en el hombre.

Es un legado evolutivo vital que tiene un valor de supervivencia obvio. Evoluciona para producir respuestas adaptativas, cómo detectar el problema y cómo responder al mismo. Se encuentra muy ligada al estímulo que la genera y se produce por un peligro presente e inminente.

Se activa por la percepción del daño o peligro (Reeve, 2001). Actúa como un avisador del riesgo vital, cada vez que el organismo detecta la presencia de algún estímulo o situación que amenaza su vida o equilibrio.

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Tanto en el hombre como en los animales los estímulos que desencadenan el miedo pueden ser naturales como adquiridos mediante aprendizaje.

El proceso cognitivo implica la interpretación (evaluación) y estimación de la repercusión personal (valoración) que acarrea el estímulo. El resultado del procesamiento es la emoción de miedo. Se inicia ante desencadenantes que suceden con mucha rapidez, que se presentan de forma abrupta o inesperada. Ante esto, la persona estima tener una baja capacidad de control y de predicción futura de la situación. Valora el evento como desagradable y relevante para su bienestar, y presenta un alto grado de urgencia para afrontarlo, movilizando toda una serie de conductas focalizadas al propio suceso y a las consecuencias del mismo.

Las funciones del miedo se encuentran relacionadas con la adaptación, facilita las respuestas de escape o evitación de la situación peligrosa con una reacción rápida. También facilita los vínculos sociales ayudando en la huída a otros, y ayudando en la defensa colectiva. (Ohman, 2000)

La expresión corporal más característica es, en primer lugar el estremecimiento, el reflejo de sobresalto; posteriormente la persona permanece inmóvil durante unos segundos, se queda paralizada. (Le Doux 2000)

En los humanos y los animales hay dos expresiones conductuales obvias, una la tendencia a petrificarse y enmudecer y la opuesta son los gritos, el sobresalto y la huída desesperada (Marks, 1987)

Emociones: primarias y secundarias

Muchas veces oímos estas dos expresiones pero pocas queda claro a que se refiere cada una de ellas. Hoy en este post vamos a intentar dar algo de luz al tema.

La orientación evolucionista propone la existencia de unas emociones primarias a partir de las cuales se desarrollarían las demás emociones o emociones secundarias.

  • Emociones primarias a lo largo del desarrollo evolutivo se estructuran con el aprendizaje y la propia historia personal. Son emociones que emergen en los primeros momentos de la vida entre las que se incluyen: la sorpresa, el asco, el miedo, la alegría, la tristeza y la ira (Ekman). Cada una de estas emociones se corresponde con una función adaptativa y ademas se desencadenan de forma distintiva.
  • Emociones secundarias son aquellas que no se derivan directamente de las primarias y que son fruto de la socialización y del desarrollo en la persona de sus capacidades cognitivas. También son llamadas sociales: culpa, vergüenza, orgullo, celos, arrogancia, bochorno, etc…  La gran mayoría de autores sitúan la aparición de estas emociones en torno a los 2 o 3 años (Dunn 2003).

Las emociones primarias se asemejan a los colores primarios (azul, rojo y amarillo) a partir de cuya mezcla se obtendrían todos los demás colores y matices. Además las emociones secundarias no tienen porque presentarse en su estado “puro”, es decir, dependerán de la cultura en la que se desarrolla la persona y de su propia historia personal.

¿Y si le damos un pensamiento? ¿Qué emociones secundarias identificas en tí?

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