¿Por qué obedecemos?

Si echamos la vista atrás a nuestro pasado nos vamos a encontrar con barbaries que requirieron de la obediencia y colaboración de miles de personas. Cualquier país donde se declara una guerra ha servido para ver cómo pacíficos vecinos se convertían en enemigos que se odiaban y estaban dispuestos a matarse.

Stanley Milgram realizó un experimento donde una persona “el profesor” hacia una serie de preguntas a otras personas “los alumnos”. Cuando fallaban la respuesta se le pedía que diera una descarga eléctrica cuyo voltaje iba ascendiendo hasta llegar a 450 voltios (las descargas eran simuladas el alumno no llegaba a recibir la descarga, aunque al profesor se le hacia creer que era real). El resultado del experimento arrojó el dato de que muy pocas personas eran capaces de desobedecer una orden a todas luces injusta. La mayoría de las personas son capaces de llegar a la barbarie meramente por obediencia.

En nuestra vida cotidiana estos son casos extremos aunque si que nos habremos encontrado en más de una ocasión con personas que hacen algo injusto escudándose en “yo soy un mandado” o “a mi me pagan por hacer esto”.

¿Por qué obedecemos?

En gran medida porque existe una falta de hábitos de reflexión donde valorar las opciones y generalmente es mas facil dejarse llevar por lo que hace la mayoría.

En otras ocasiones existe una fuerte presión social hacia el conformismo “es lo que se espera de tí”. Y tambien porque existen castigos que aguardan a los desobedientes y por tanto aparece el miedo.

¿Cómo desobedecer constructivamente?

Estamos tan acostumbrados a obedecer, que la mayoría de las personas se sorprenden al descubrir que a veces es necesario desobedecer para por ejemplo:

  • Liberarse de prejuicios. Generaremos entoncés el hábito de analizar las acciones por sus efectos reales no por una reacción emocional.
  • Vivenciar un ambiente que fomente la autonomía. Acostumbrandonos a tomar decisiones y a razonar sobre ello sin que intervengan los prejuicios.

Es bueno que desde pequeños nos acostumbremos a hablar, exponer y defender opiniones para que en el futuro estemos entrenados en defender nuestro propio punto de vista. Participar en debates y formar parte de estructuras donde vivenciar la continua toma de postura por ejemplo.

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Las 7 herramientas del AMOR.

Gerardo Schmedling las ha resumido de esta forma:

  • ACEPTAR, acepto que todo lo que ocurre es neutro y necesario.
  • ASUMIR, asumiré el resultado de mis decisiones y de mi experiencia de vida. Asumiré que mis pensamientos, sentimientos y emociones los genero yo mismo y no lo que sucede a mi alrededor, ni mucho menos lo que piensen, digan, hagan o dejen de hacer los demás.
  • ACTUAR, actuaré con total eficacia y serenidad ante cualquier circunstancia que se presente, dando lo mejor de mí en las labores que me corresponda realizar.
  • AGRADECER, agradezco todo lo que tengo y todas las situaciones difíciles y dolorosas, porque ellas son oportunidades que nos da la vida para aprender y hacer nuestro desarrollo espiritual.
  • VALORAR, valoro y disfruto intensamente todo lo que tengo y todo lo que hago. Reconozco que siempre tengo conmigo todo lo necesario, y valorándolo, desarrollaré la capacidad para disfrutar nuevas cosas y relaciones.
  • RESPETAR, respeto a todas las personas en sus ideas, costumbres, creencias, comportamientos y en su derecho a tomar sus propias decisiones.
  • ADAPTARSE, me adapto sin reservas al lugar donde me corresponde cumplir funciones para lograr en él una vida llena de satisfacciones.

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¿Vaso medio lleno o medio vacío?

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? sin embargo preguntó:

– ¿Cuánto pesa este vaso?

Las respuestas de los presentes variaron entre 200 y 250 gramos.

El psicólogo respondió:

El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora me dolerá el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve.

Y continuó:

Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler, y si piensas en ellas todo el día acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.

Por lo tanto recuerda: ¡soltar el vaso!

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Una llamada a la humanidad

Cuando estaba a punto de escribir este mes el post concerniente a la categoría “Mi huella Ecológica” recorde un bello fragmento de la película “El gran Dictador”, protagonizada en 1940 por Charles Chaplin. Si no la habeis visto os la recomiendo, a mi me encantó.

Sobran las palabras ya que en apenas cuatro minutos queda dicho todo con respecto a la huella que podemos dejar en el planeta si sentimos mas y pensamos menos.

Como siempre de nosotros depende tomar la elección adecuada para hacer de esta vida algo libre y hermoso, una aventura maravillosa.

Os invito a escucharlo y si os animais a comentarlo:

Mi balanza se inclina

El ejercicio que hoy os propongo va a sernos muy útil a la hora de tomar conciencia sobre diversos aspectos de nuestra vida.

¡Comencemos!

Siéntate en una silla con una postura cómoda a la vez que erguida, los pies en contacto con el suelo, los músculos relajados y los ojos cerrados. Toma una respiración profunda y suelta el aire, hazlo así hasta tres veces seguidas. Y ahora imagina una balanza.

balanzaSitúa primero sobre uno de los platos, todas tus experiencias y sentimientos de anhelo, miedo, soledad, pena, dolor, desesperación, desdicha, aflicción y angustia. Todos tus momentos de crisis, de enfermedad, de desasosiego; todas las adversidades y conflictos, la preocupación, la tensión, la ansiedad, la desesperanza, la incertidumbre que hayas experimentado a lo largo de toda tu vida y que experimentes actualmente, en el caso de ser así.

Después coloca sobre el otro plato de la balanza todos los momentos que llamas de alegría o felicidad, que hayas experimentado a lo largo de toda tu vida y que experimentes actualmente: entusiasmo, pasión, gozo, amor, plenitud, bienestar, celebración, inspiración, belleza, seguridad, confianza, paz o energía.

Ahora observa los dos platos de la balanza y respóndete a tí mismo ¿hacia dónde se inclina la balanza? Tomate tu tiempo.

Una vez terminado el ejercicio, abre los ojos, toma un papel y un boligrafo y anota tus reflexiones sobre las siguientes cuestiones:

  • ¿Esta relacionada la manera en la que vives en el mundo con la inclinación de tu balanza?
  • ¿Cuál es tu estado “ordinario”  (aquel en que me encuentro la mayor parte del tiempo) en relación a la balanza?
  • ¿Qué es lo que suele hacer mi pensamiento?

Seguramente, al finalizar tu reflexión el ejercicio te haya ayudado a tomar cierta perspectiva sobre lo que esta ocurriendo.

La buena noticia es que nada es definitivo y en tu mano esta mejorar y transformar todo aquello que quieras.

¡Nunca es tarde!

¿Dependiente o Autónomo?

La dependencia emocional o de cualquier otro tipo es una dificultad que nos impide potenciarnos en nuestra autonomía.

Veamos los dos conceptos a los que nos referimos:

  • DEPENDENCIA, es una relación que se establece frente a algo: una persona, una cosa, una situación, y que implica actuar de determinada manera frente a ese algo, condicionando nuestra conducta, y hasta nuestra vida, hasta tal punto que se pierde la capacidad de decidir y de actuar sin su influencia, y se pierde la libertad y el dominio propio.
  • AUTONOMÍA, es la capacidad de actuar por uno mismo, de ser dueño de sí y de tomar las propias decisiones sin dejarse llevar. Significa tener ideas propias, criterios y valores y actuar en consecuencia. Se trata de actuar por propio convencimiento y por propia reflexión. Lo que significa estar abierto y ser dialogante a la vez que capaz de decidir por uno mismo

La dependencia es un elemento humano inevitable ya que forma parte de nuestra psicología, lo importante es saber enfrentarnos a ella y descubrir las causas por las que se produce para que estas no determinen nuestra vida.

Aspecto fundamental en ello es el autoconocimiento, una herramienta que debemos manejar sin juzgarnos para que resulte eficaz en este ejercicio de búsqueda y posterior toma de decisiones.

Nadie es perfecto ni debe esperar ser perfectamente autónomo de un día para otro aunque es conveniente conocer las tendencias propias. La autonomía al igual que la libertad es un proceso en el que trabajar toda nuestra vida.

“Cada uno de nosotros está en la tierra para descubrir su propio camino, y jamás seremos felices si seguimos el de otro”  James van Praagh. 

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Zanahoria, huevo o café

Hoy os traigo un relato que habla sobre como respondemos ante la vida cuando la adversidad llama a nuestra puerta.

Zanahoria, huevo o café

Una hija se quejaba con su padre acerca de la vida y se lamentaba de que las cosas no le salían bien. No sabía cómo hacer para seguir adelante porque sentía que desfallecía y se iba a dar por vencida. Estaba cansada de luchar y luchar sin obtener ningún resultado. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí tomó 3 ollas con agua y las colocó en el fuego. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última granos de café. Las dejó hervir. Sin decir una palabra, sólo miraba y sonreía a su hija mientras esperaba.

Su hija, esperó con impaciencia, preguntándose qué hacía su padre. A los veinte minutos su padre apagó el fuego. Sacó los huevos y los colocó en un recipiente, sacó las zanahorias y las colocó en un plato y finalmente colocó el café en un tazón.

Mirando a su hija, le pregunto: ¿qué ves? huevos, zanahorias y café le contestó ella.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de quitarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de una exquisita taza de la deliciosa bebida.

Sorprendida e intrigada la hija le preguntó: ¿Qué significa todo esto, padre? Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo! Sólo que habían reaccionado de forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura pero después de pasar por el agua hirviendo se había hecho blanda y fácil de deshacer. Los huevos llegaron al agua siendo frágiles, su cáscara fina protegía su interior líquido, pero después de estar en el agua hirviendo se habían endurecido. Los granos de café, sin embargo, eran únicos después de estar en agua hirviendo habían cambiado el agua.

¿Cual eres tú? le preguntó a su hija.

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