Conectando con mi niño interior

¿Qué sabes de tu niño/a interior? Todos tenemos un niño/a dentro de nosotros, en nuestro interior, aquel que fuimos en la infancia.

ninioAunque no estemos familiarizados con el/ella, nuestro niño/a acoge todas nuestras experiencias pasadas: el amor que nos dieron, los recuerdos más importantes, las necesidades que no fueron satisfechas, las frases que nos decían y se grabaron, las exigencias que nos sobrepasaron, etc.

Todo ello sigue ahí en tu interior y se reproduce en tu vida cotidiana. Probablemente las personas y lugares no son los mismos aunque las emociones siguen estando intactas, se repiten una y otra vez. Un tono de voz, una palabra concreta y de repente emergen los sentimientos en forma de reacción automática. Es como un piloto automático que se pone en marcha sin que nosotros podamos ejercer ningún tipo de control sobre él.

Hay mucho trabajo por delante para mejorar el adulto que somos a través de nuestro niño/a interior, aunque hoy os propongo una técnica de meditación sencilla que es el primer paso para una toma de contacto.

Siéntate en un lugar tranquilo, cierra los ojos y haz tres respiraciones profundas. Inhala llenando de aire tus pulmones y al exhalar expulsa el aire por la boca vaciándote.

Piensa en un lugar que te guste mucho ya sea un lugar de la montaña, una playa o cualquier otro lugar. Dirígete a el mentalmente y según lo estás recorriendo quiero que te veas de niño/a en este lugar. ¿Cómo estas? ¿Cuál es tu estado de ánimo?

Ahora comienza a hablar con tu niño/a, pregúntale qué le gusta hacer, qué quiere hacer contigo. Puedes decirle que le has echado de menos y que le quieres mucho aunque a veces no se lo demuestres y que lo necesitas a tu lado para poder seguir avanzando.

Recuérdale que siempre vas a estar con él y que necesitas que vuelva a estar contigo, abrázale, reconócete en él y si te viene cualquier otro sentimiento como la emoción date permiso para sentirla ya que hace mucho que no os veíais.

Ahora pasea con el por el lugar que elegiste y poco a poco vete diciéndote que tienes que irte aunque lo llamarás cada vez que lo necesites para que este a tu lado y dile que él puede hacer lo mismo.

Siente la emoción que sentías cuando jugabas, diviértete. Recuérdale que le quieres y déjale marchar. Vuelve a llevar de nuevo tu atención a la respiración, inspira profundamente tres veces y abre los ojos poco a poco a tu ritmo.

¿Qué tal ha resultado la experiencia? Te animo a compartirla en el blog.

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